Dependencia Emocional

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Reconocer ser dependiente emocional.

No hay nada más duro para un dependiente emocional que… reconocer que lo es. Porque, para un dependiente emocional, ponerle nombre, es añadir un sufrimiento a su ya lastimada autoestima.

Como en todo, siempre hay grados, todos podemos tener más o menos necesidad de estar unidos emocionalmente a alguien, pero la dependencia como tal, implica que la persona se vaya dejando de lado a si misma, sus prioridades, necesidades, gustos… para irse poco a poco amoldándose, como si de arcilla se tratase, a la forma de vida de su pareja, buscando siempre su aprobación y valoración.

Reconocer ante los demás, e incluso ante sí mismos esta problemática, les resulta tremendamente vergonzante, ya que en algunos casos, esto implica hacerse un juicio de valor duro, tajante y cruel consigo mismo, en el que a veces, pueden llegar a colgarse el cartel de personalidades débiles, poco inteligentes y devaluadas.

Un dependiente emocional que afirma serlo, de igual modo que en otras dependencias, demuestra una gran valentía, y es el primer paso indiscutible para su rehabilitación.

Para poder llegar a este punto (de poner nombre a su realidad), probablemente, haya sido necesario un proceso largo, lleno de sufrimientos en el que el análisis y el historial de relaciones, acaban dejando pocas dudas al respecto, ya que los patrones, siempre se acaban repitiendo.

Lo más frecuente en estos casos, es la negación y una actitud defensiva ante cualquier insinuación del problema, al fin y al cabo, reconocer una dependencia, nunca es fácil.

El dependiente emocional, siempre va a intentar justificar su comportamiento y en este caso, a nivel social, le va a resultar relativamente fácil… porque ¿qué hay más noble y apasionante que “el mundo del amor”? ¿qué hay de malo en “amar incondicionalmente”…? ¿en “dar todo por alguien”? Incluso, podría dar la impresión, a las personas de su alrededor, que ellos “sí que saben amar” y que los demás, o bien no están capacitados o no han tenido la suerte de sentir “un amor pleno”.

La realidad de un dependiente emocional

Pero la realidad, lejos de vivir un amor pleno y sano, es muy distinta.

El dependiente emocional, sufre en sus relaciones ya que éstas siempre están en un continuo desequilibrio y en muchos casos, pueden llegar a poner en peligro, el resto de facetas de su vida.

Tengamos en cuenta, que para un dependiente, la relación, va mucho más allá de un deseo de estar con alguien o de compartir su vida. Tiene que ver más, con poner en manos del otro la llave de la felicidad propia. De este modo, todos los estados emocionales que sienta, estarán en directa relación con las acciones o actitudes de su pareja o incluso ex-pareja.

Una característica habitual, es que cuentan con un bajo auto concepto y una autoestima dañada, por ello, son capaces de renunciar a sus propios valores y costumbres para agradar o satisfacer a la otra parte.

Siempre justifican sus actos, con la creencia de que por amor, todo se puede sacrificar o renunciar, adoptando un papel y actitud de víctima, lo cual, va dejando un poso de malestar y a la vez de resentimiento dentro de sí mismos.

Cuando esto ocurre, cuando hay continuas renuncias, cambio de planes, cesiones o acciones extras que les supone un esfuerzo extra por agradar, es normal que la persona, sufra de episodios de ansiedad y tristeza, ya que está dejando a un lado su propia personalidad y emerge un sentimiento de estar traicionándose a sí mismo. Hay un resentimiento.

La necesidad de ser amado, está por encima de todo y de todas las cosas. No soporta la idea de sentirse solo o no querido. Esto supone un enorme desgaste mental y de energía, que siempre va a focalizar en su objetivo, el no ser rechazado, cuestionado y mucho menos, abandonado.

El dependiente, tiene una continua sensación de vacío, que va a intentar llenar con un desmesurado deseo, de mantenerse siempre presente en la vida del otro, de hacerse imprescindible y buscar siempre su aprobación.

Es muy probable, que intente pasar todo el tiempo posible junto a su pareja, lo cual implica que muchas veces “se apuntara” a reuniones con amistades o personas, que eran únicamente del entorno del otro. También es típico que de pronto, empiece a interesarse por aficiones de su pareja, integrándose en su grupo de deporte, saliendo a correr juntos, o apuntándose a su clase en el gimnasio… por ejemplo. Este hecho que a simple vista, podría parecer envuelto de romanticismo, encubre una necesidad de control o de imponer una continua presencia.

El dependiente emocional, vive pendiente de las necesidades del otro y de sus estados de ánimo, se esmera en facilitarle todo aquello que este en su mano y sufrirá como propios sus problemas y cambios de humor.

La otra parte de la relación, ¿cómo vive esta situación la otra parte?

Aunque en un principio, la pareja, viva esta circunstancia de un modo positivo y pueda sentirse alagado con tantas atenciones y derroche de amor, con el tiempo, o incluso, al poco tiempo, el no dependiente empieza a sentirse agobiado e incómodo.

Para estas personas el hecho de que se invada el espacio que anteriormente tenía reservado para sus relaciones de amistad, sus aficiones o incluso intimidad con su propia familia, puede resultar dependiendo del grado, a veces tolerante, pero otras veces angustioso, ya que no se está respetando su espacio personal.

Se acaba cayendo en una situación de chantajes emocionales, a veces directos y a veces no tan directos, llegando a ser muy sutiles. Las situaciones se plantean disfrazadas de gestos amorosos o comentarios amables como…“quería darte una sorpresa”, “me encantaría que me enseñaras a jugar al tenis, ir a tus partidos…” etc. De un modo u otro, la pareja, empieza a sentirse “acorralada”, sin posibilidad de “salir airoso” de tal situación.

Es inevitable, que la persona no dependiente, detecta en el otro, el terrible miedo que siente, solo con el hecho de imaginar de ser abandonado.

El saber que el dependiente tiene miedo a la soledad, de un modo consciente o inconsciente, acaba dando “poder” al no dependiente, haciendo, si cabe, más desequilibrada la relación. Así de sencillo, uno está arriba y el otro esta abajo. Hay una enorme desproporción de poderes.

Todas estas circunstancias, en muchos casos dan lugar a situaciones de sumisión e idealización. El no dependiente acaba adquiriendo un rol de abuso de poder, que o bien, ya estaba presente en el antes, o bien va adoptando como propio. Es “ese poder que le fue concedido”, de tener en sus manos la felicidad de alguien.

La persona no dependiente, es consciente de que si decidiera terminar con la relación, causaría un daño atroz e irreparable en su pareja. Esto supone un gran peso sobre sus hombros, una gran responsabilidad, para la que a veces, optan por buscar otras alternativas, en lugar de enfrentarse al problema.

Lo ideal sería, que una pareja ayudara a identificar el problema, tomando conciencia de ello y dando apoyo en el proceso de incrementar la autoestima de su pareja dependiente.

Pero lo cierto, es que en la mayoría de los casos, la pareja no dependiente acaba “huyendo” o aprovechándose de tal situación, quizás no de una manera consciente, pero si acaba acomodándose a las facilidades que le son proporcionadas y tomando el timón de la relación.

¿Qué ocurre con la relación?

Este tipo de relaciones no son sanas. Son relaciones donde impera el desequilibrio, una continua frustración y un sentimiento injustificado de vacío.

Hay presente un chantaje emocional de fondo y una ansiedad que puede acabar en reproches o actitudes de sumisión.

Es muy difícil admitir que se mantiene una relación de estas características.

Probablemente, la persona dependiente emocional, no es la primera relación que tuvo de este tipo. Seguramente, ya desde la adolescencia, intentase buscar amor y aprobación en otras personas para sentirse valioso y suplir carencias.

La dependencia emocional, causa daño en quien la sufre y en sus parejas.

¿Qué debemos pensar…?

Lo valiente sería, asumir la realidad y decidir, querer salir del rol de dependiente emocional. Porque este trastorno en la personalidad, puede solucionarse, con tiempo, ayuda, trabajo y firmeza.

  • Tenemos que reconstruir los cimientos de la autoestima, lo cual requiere una gran voluntad, pero es a su vez altamente gratificante.
  • El amor a la pareja, no debe ser incondicional. Si no existe equilibrio, no es aceptable ni sano.
  • Nadie puede suplir el amor hacia uno mismo, ni el valor que debemos darnos. No podemos dejar en manos de nadie ese don.
  • Debemos amarnos, perdonarnos y valorarnos… sin necesitar una aprobación externa.
  • Todo lo que necesitamos para tener una personalidad valiosa, única y maravillosa, está en nosotros mismos… sin buscar nada fuera.
  • Se puede salir de la dependencia emocional…

Si te reconoces dentro de este grupo de personas (aunque sea solo en parte) y te gustaría que esta situación cambiara… Te invito y te animo a buscarle solución juntos. Podemos vernos en mi consulta de Madrid, empezaremos a trabajar en ello.

Eva María Cibrián
Plaza de Ruiz Jimenez, 4, Metro San Bernardo, Madrid
644 90 50 05,
consulta@psicologamadrideva.com

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